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  • UN ARTÍCULO EN LA MEMORIA

    Un día es un día | DIARIO SUR 30 octubre 1996

    HAY tantos días, aunque la vida sea tan corta, que podemos dedicarle uno a cualquier cosa que nos parezca, ya sea la banderita, el Domund, el amor fraterno o la nicotina. Un día para no fumar, un día para no beber (se hace más largo que un día sin pan) o un día para sentar un pobre a nuestra mesa, con el riesgo de que no quiera levantarse nunca. En estas dedicatorias de días, ayer le tocó el turno al Día sin Juegos de Azar. Un día sin tómbola, sin naipe, sin cuponcito, sin Bonoloto, sin quiniela…

    Entre nosotros hay más ludópatas que consejeros autonómicos. Experimentan un irrefrenable deseo de jugarse las pestañas y su afición les cuesta un ojo de la cara. El auténtico burlanga no puede reprimir su afición, ya que contra las vocaciones fuertes no hay nada que hacer. Dicen que no es una cuestión de voluntad, sino de destino. No sé mucho de eso, aunque intento comprenderlo. No soy jugador. «Ni gozo lo ganado ni siento lo perdido», que dijo mi tío carnal electo Manuel Machado. Además, para juego de azar ya está bien con la vida. Lo que ocurre es que en España empieza a preocupar seriamente el número de ludópatas, salvo a los fabricantes de máquinas tragaperras. Menos mal que hemos inventado esa palabra. Antes, a los jugadores empedernidos se les llamaba vicioso, del mismo modo que a los dipsómanos se les llamaba borrachos. Los avances semánticos son importantísimos porque trasladan el defecto moral de la acción al ámbito del determinismo fisiológico. Ya no está bien visto decir de alguien que arruina su vida y la de su familia que es golfo. Lo políticamente correcto es decir que es un enfermo.

    Ha coincidido el Día sin Juegos de Azar con la divulgación del caso del empleado de la Caja Rural de Sevilla que se jugaba diariamente unas 300.000 pesetas en cupones. Por eso se vio obligado a robar 239 millones. En fin, ya pasó el día señalado para la abstinencia. ¡Hagan juego, señores!

    Manuel Alcántara