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  • UN ARTÍCULO EN LA MEMORIA

    Adiós Winnie, adiós | DIARIO SUR 15 abril 1992

    Nelson Mandela, el líder del Congreso nacional Africano, el héroe encarcelado, el mártir negro, se separa de su esposa. No puede aguantar más a su señora el hombre que lo aguantó todo en las terribles prisiones regentadas por los blancos que inventaron el apartheid, aunque lo inventaran, justo es reconocerlo, después de haber inventado un país. Mandela, que fue condenado a cadena perpetua en 1962, ha decidido romper la cadena que le unía a Winnie, en eso que llaman, no se sabe por qué, el sagrado vínculo. Falta mucho para que Sudáfrica sea libre, pero, de momento, él ya se ha liberado.

    Se suele decir que todo gran hombre tiene detrás a una gran mujer. No es cierto. A veces, lo que un gran hombre tiene por detrás, como en el caso de Oscar Wilde, es otro hombre. También puede suceder que no tenga a nadie, como le pasa a la mayoría de los obispos, que a pesar de eso son grandiosos. Hay que huir de los tópicos, pero no alejarnos de ellos demasiado, para poder verlos si volvemos la cabeza. Lo que ocurre con mayor frecuencia es que, al socaire de la relevancia de uno de los miembros de la pareja, se haga un hueco en la historia el otro. Esta forma de chupar rueda ha fallado en los casos del novio de Juana de Arco y del marido de la señora Thatcher, pero ha sido muy eficaz en otros, desde Evita e Isabelita perón a Imelda marcos, la zapatera prodigiosa, pasando por la Chamorro y Corazón Aquino. Lo normal es que las primeras damas sean las últimas en irse del mundo y le cedan cortésmente el paso a sus maridos.

    La mujer de Mandela es un bicho. Está implicada en dos asesinatos: el del confidente de la policía Stompie y el del médico Baker Asvat. Sobre ambos procesos se echó tierra encima, igual que sobre los muertos. Además, la llamada Winnie coge unas borracheras mortales y entonces se cree blanca y azota a sus servidores con un látigo hecho de piel de rinoceronte. Por si fuera poco, le ha puesto mucho los cuernos al héroe. Para que el gran hombre fuera un poco más grande.

    Manuel Alcántara