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  • UN ARTÍCULO EN LA MEMORIA

    Agua de mayo | DIARIO SUR 22 mayo 1992

    Hay huelga de nubes y la sequía va a ser combatida mediante decreto. En la extremada España ya se sabe que pasamos, casi sin transición, de las inundaciones a los campos resecos y de las nevadas a los incendios forestales. Los problemas creados por la actitud del cielo están afectando gravemente a las cuencas del Tajo y del Guadiana. Sevilla tomará agua directamente del Guadalquivir, gran río, gran rey de Andalucía, y en Madrid se ha prohibido llenar las piscinas. Los locos del chapuzón tendrán que esperar a que vuelvan a tener agua para divertirse todavía más. Se apela a la laxa conciencia ciudadana para que nadie gaste una gota en lavar su coche o regar su maceta. Sólo en estas situaciones, reconocemos la exactitud de los cuatro objetivos que San Francisco de Asís le da al agua: útil y humilde y preciosa y casta.

    Nunca llueve a gusto de todas las autonomías y tenemos pocas reservas. También nuestro caudal de agua es escaso y, aunque la sequía vaya por barrios o por regiones, los problemas locales tardan muy poco en generalizarse. De seguir así las cosas por arriba, pronto no habrá mangueras en los parques y los niños no podrán jugar a ser domadores de serpientes municipales. Como todo, o casi todo, tiene una traducción económica, el decreto que aprueba hoy el gobierno para combatir la sequía incluirá 5.000 millones de pesetas para obras urgentes.

    El cambio ideológico del clima puede duplicar el hambre en el mundo, según un informe realizado por las universidades de Columbia y Oxford. Durante tres años, cincuenta científicos han estudiado la posible repercusión de las variaciones climáticas en las cosechas de trigo, arroz, maíz y legumbres. Lo nuestro va por otros caminos. Delegamos en los modernos hechiceros para pedir la lluvia y la gente de mucha fe se apresura a adquirir impermeables antes de participar en las procesiones. El zuzón muestra su crespa cabellera amarilla por los campos. Los pobres miran sus fuertecillos y los ricos piensan que tendrán que regar su césped con agua tónica.

    Manuel Alcántara