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  • UN ARTÍCULO EN LA MEMORIA

    La directiva del agua | DIARIO SUR 7 julio 2000

    El próximo otoño, cuando las hojas caigan y las musas engorden, entrará en vigor la normativa europea para reforzar y mejorar los sistemas de control sobre la calidad de las aguas, que en muchos lugares no son aptas ni para bañarse. Su aplicación va acostarle a España 6 billones, con be de bidón, durante los próximos 20 años, según confesó, hábilmente interrogado, el ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas. En Bruselas han dicho eso de ¡agua va!, en un texto cuya preparación ha durado tres años, lo que representas reuniones y más reuniones en torno a una de esas mesas donde se consumen litros y más litros de agua mineral.

    No se sabe si es que somos más o es que tenemos más sed, pero el problemas del agua es creciente en el mundo. El agua a la que san Francisco de Asís le puso cuatro adjetivos que me gusta recordar –útil y humilde y preciosa y casta- es un bien escaso que debemos cuidar incluso por compañerismo, ya que los seres humanos somos invenciones del agua, «agua organizada», y si falta el agua de jodió el invento. La directiva del agua se centra en mejorarla allí donde se encuentre. En los ríos, en los humedales o en los estuarios. Tiene que haber mucha más en los sótanos terrestres, al sur de las piedras, pero no sabemos encontrarla. (El ahora tan recordado Antoine de Saint-Exupery decía que lo que le da belleza al desierto es que esconde pozos.) En Europa somos unos privilegiados. Según los antropólogos, Europa es Europa, llegó a serlo, mejor dicho, gracias a su concentración animal y a su dispersión hidráulica. Sus primeros pobladores disponían de proteínas y de fuentes.

    Las cosas han ido a peor por culpa de los contaminantes y los vertidos nocivos en los ríos, que son de todos, ya que los ríos no necesitan que les viertan nada. Me informan quienes beben agua de su degradación: o sabe a cloro o sabe a rayos. La última vez que la probé fue en Grecia. Eché un largo trago de la fuente de Castalia y luego la dejé correr. Los griegos de la antigüedad le atribuían al agua de esa fuente la propiedad de alargar la vida.

    Manuel Alcántara