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  • UN ARTÍCULO EN LA MEMORIA

    En busca del capitán | DIARIO SUR 14 abril 2000

    A mucha gente le aburre la política, pero a casi todo el mundo le divierte hablar de ella. Permite una actividad apasionante: la crítica de contemporáneos, especialmente atractiva cuando esos contemporáneos, pretenden pasar a la historia. Resulta extraño el número de vocaciones. Miles de personas han oído con toda nitidez el llamamiento de Dios impulsándoles a arbitrar la convivencia y otros miles no han oído nada, pero es igual para el caso. Se han mirado al espejo y han decidido que un tipo así tiene la obligación moral de servir a su pueblo haciendo posible las cosas necesarias y, de paso, dejando de pasar necesidades. ¿Cómo es posible que entre tantos haya dificultades para encontrar al líder adecuado para el momento? En ese trance está el PSOE. Un partido al que partieron por el eje no sus partidarios ni sus honradas bases, sino los eficaces ladrones y los chapuceros criminales que se incrustaron en él. Su reconstrucción, o refundación, o como quieran llamarle, es necesaria, pero tienen que encontrar un capitán. No varios, que ya dijo Napoleón que «un general malo es mejor que dos buenos».

    Un grupo de jóvenes dirigentes intenta articular una «nueva vía», pero parece que eso ha quedado en vía muerta. Hace falta alguien que no esté visto –sobre todo que no esté visto para sentencia- y como aún no ha emergido, Rodríguez Ibarra propone formar «un equipo». Otros sugieren un reparto de poder entre las familias, aunque estén mal avenidas, y otros miran con buenos ojos a José Bono, el de los ojos claros y serenos, al que ahora le está trayendo líos la TV autonómica. El fiscal jefe de Toledo ha abierto de oficio una investigación, ya que ve aspectos «difusos» y dice que sólo se persigue «poder y publicidad».

    Según el diccionario etimológico de doña maría Moliner, que se murió sin ser, académica, la palabra capitán viene de ‘caput’ ¿Dónde estará el capitán? Lo mismo lo tienen delante de las narices, pero si no lo reconocen pueden quedarse con dos palmos de narices. Para que surja el ‘tapado’ hay que tirar de la manta.

    Manuel Alcántara